Casos prácticos en Brasil, Burkina Faso, Kenia y México con proyectos de los fondos Livelihoods

Casos prácticos en Brasil, Burkina Faso, Kenia y México con proyectos de los fondos Livelihoods

El cambio climático y la urbanización desenfrenada llevan aparejada una grave consecuencia: la escasez y calidad del agua. Para 2025 dos tercios de la población mundial se enfrentarán a problemas relacionados con el agua y 1.800 millones de personas vivirán con una drástica falta de agua [1]. Además, con la explosión demográfica, el 70% de los 10.000 millones habitantes del mundo vivirá en las ciudades en el año 2050[2]. El problema, por tanto, resulta obvio: los recursos hídricos no se encuentran en las ciudades, sino en las zonas rurales. Lo que es más, los entornos rurales no son sólo los «depósitos de agua» de las ciudades, sino también su fuente Y, dado que la agricultura representa el 70% del consumo de agua dulce, resulta que obvio que tanto la escasez de agua como la seguridad alimentaria deben abordarse de forma simultánea , a fin de preservar el frágil equilibrio entre el medio urbano y el rural. Asimismo, los pequeños agricultores de todo el mundo, que proporcionan el 70% de los alimentos mundiales, son los más expuestos a la escasez de agua, la degradación de la tierra y el cambio climático.

¿Cómo conservar los recursos hídricos y asegurarse de que los pequeños agricultores puedan continuar produciendo alimentos y consiguiendo ingresos dignos? ¿Cómo mantener el frágil equilibrio entre las necesidades de agua y de alimento de las grandes ciudades y el uso de la tierra y la biodiversidad de las zonas rurales? ¿Y cómo las empresas privadas, las instituciones públicas, las ONG y la sociedad civil pueden encontrar nuevas formas de colaborar y financiar soluciones innovadoras para abordar la escasez de agua, la seguridad alimentaria y el cambio climático a escala?

Desde 2011, los fondos Livelihoods han creado coaliciones con múltiples actores para apoyar a pequeños agricultores en África, Asia y América Latina. Descubra los proyectos que han diseñado los fondos en México, Brasil, Burkina Faso y Kenia para abordar la escasez de agua, la seguridad alimentaria y el cambio climático de forma simultánea.

[1] FAO, Coping with water scarcity report.
[2] https://www.un.org/development/desa/en/news/population/2018-revision-of-world-urbanization-prospects.html

MÉXICO

Preparar el camino para una solución a gran escala que mitigue la carencia de acuíferos

BRASIL

Producir alimentos sanos para conservar los recursos hídricos de Rio de Janeiro

KENIA

Restaurar tierras degradadas para aumentar la seguridad alimentaria y la disponibilidad de agua subterránea

BURKINA FASO

Adaptar las prácticas agrícolas a una región con grave escasez de agua

México: Preparar el camino para una solución a gran escala que mitigue la carencia de acuíferos

A través de los fondos Livelihoods, el sector privado ha aunado fuerzas, intercambiando medios y recursos con organizaciones públicas mexicanas para abordar la escasez de acuíferos. El déficit anual del acuífero podría reducirse en un 65% si el proyecto se ampliara a 5 000 agricultores con la ayuda de otros usuarios de agua públicos y privados.

En la ciudad de Aguascalientes, situada en el centro de México, viven casi 1 millón de habitantes y es una de las localidades con más rápido crecimiento del país. Aguascalientes, que recibe su nombre de la abundancia de aguas termales que existen en la zona, tiene un crecimiento económico superior a la media nacional y una baja tasa de desempleo, del 3,5 %, gracias a su ubicación céntrica y al buen acceso a los mercados del país. Numerosas empresas del sector textil, automovilístico… se han establecido en la ciudad, creando miles de puestos de trabajo. Sin embargo, el principal acuífero de Aguascalientes, que suministra el 100 % de sus necesidades hídricas, está ubicado en la parte más seca de la región. Dicho acuífero se enfrenta a un déficit anual de 280 millones de m3 al año, equivalente a un consumo doméstico de más de 2 millones de mexicanos[1]. La agricultura representa el 70% del volumen extraído, el uso público urbano el 25% y la industria menos del 3%, el mismo porcentaje que los hogares. Veolia, que tiene una concesión a largo plazo para gestionar tanto el sistema municipal de agua potable como el sistema de recogida de aguas residuales de la ciudad, y Danone, que cuenta con una planta de envasado para su agua Bonafont en Aguascalientes, son también inversores del Fondo Livelihoods para la Agricultura Familiar. A través del fondo, han aunado fuerzas con organizaciones públicas mexicanas, como SEDRAE (la autoridad agrícola del estado de Aguascalientes) y FIRA (un banco de desarrollo rural), para abordar la deficiencia del acuífero mutualizando medios y recursos. Las organizaciones públicas han puesto en marcha numerosas iniciativas para apoyar a los agricultores, pero su labor se ve obstaculizada por la duración anual de los planes públicos. De esta forma, pueden aprovechar el programa de 6 años iniciado por los fondos Livelihoods para establecer una relación a largo plazo con los agricultores y lograr una repercusión mayor. De igual forma, Veolia y Danone tienen con esta alianza la oportunidad de ir más allá del perímetro de sus operaciones para abordar de manera más amplia la sostenibilidad del acuífero.

En Aguascalientes, los fondos Livelihoods han diseñado un proyecto para permitir a los agricultores vulnerables invertir en instalaciones de riego por goteo y mejorar la resiliencia de sus explotaciones. El proyecto será ejecutado sobre el terreno y controlado por Kaab, una empresa social que reúne a expertos en agricultura de Aguascalientes. En la actualidad los agricultores riegan sus campos por gravedad, que constituye uno de los sistemas de riego menos eficientes, con una evaporación o escorrentía del 50%. El proyecto conecta a los agricultores con las autoridades públicas, que les proporcionan la información y la financiación necesarias para acceder al riego por goteo, lo que reduce a la mitad su consumo de agua. Posteriormente, reciben formación durante 30 meses para que puedan aprovechar al máximo el valor social, económico y medioambiental del sistema. El programa incluye formación en el aula y en terreno, para gestionar la fertilidad del suelo a través de prácticas agrícolas de conservación, e incluye la visita semanal de un coordinador de proyecto a su explotación durante el primer año. Asimismo, los agricultores también reciben formación sobre la gestión de su explotación agrícola: contabilidad, inversión para aumentar sus ingresos a largo plazo, etc. El proyecto, además, sensibiliza a los agricultores sobre la transcendencia de optar por cultivos que consuman menos agua y la importancia de la diversificación para mejorar la resiliencia de sus negocios.

Este proyecto de los fondos Livelihoods en Aguascalientes abarcará en una primera fase 250 explotaciones agrícolas, donde se realiza una gestión sostenible del agua y la tierra en un total de 2 500 ha. El objetivo es ahorrar más de 9 millones de m3 de agua al año. El proyecto puede ampliarse para abarcar a más agricultores: por cada grupo de 1 000 agricultores que se una al proyecto, pueden ahorrarse 36 millones de m3 de agua, lo que representa un 13 % del déficit anual del acuífero. Si se contase con la participación de 5 000 agricultores ubicados en la zona de la cuenca hidrográfica, podría abordarse el 65 % del déficit anual del acuífero. Actualmente se están manteniendo conversaciones con otros actores públicos, usuarios industriales y diversas ONG para ampliar el proyecto a través de un fondo de agua, un modelo operativo que permita a los usuarios de agua invertir de forma conjunta en la conservación de la tierra río arriba a fin de garantizar el suministro y la calidad del agua mediante una gestión sostenible del proyecto.

[1] 380 liters consumed daily per inhabitant. Source: agua.org.mx

Brasil: Producir alimentos sanos para conservar los recursos hídricos de Rio de Janeiro

El proyecto permite a pequeños agricultores ubicados en torno a una de las principales cuencas hidrográficas de Rio de Janeiro adoptar prácticas agrícolas sin productos químicos.
Como resultado, se creará el mayor centro de producción de alimentos ecológicos de Rio de Janeiro.

La cadena montañosa de Tinguá, situada a unos 60 km río arriba de Rio de Janeiro, es una las principales cuencas hidrográficas del municipio brasileño. Los agricultores de esta zona logran a duras penas vivir de su trabajo debido a prácticas agrícolas ineficientes y un difícil acceso a los mercados. Este terreno infravalorado a las puertas de una megalópolis genera especulación. A largo plazo, el turismo masivo, los programas inmobiliarios y las industrias contaminantes pueden ejercer presión sobre la gestión de la tierra en Tinguá. Por tanto, la conservación de los recursos hídricos de Tinguá va de la mano de un uso sostenible y rentable del terreno.

Como resultado, el Fondo Livelihoods para la Agricultura Familiar ha diseñado un proyecto que vincula la conservación del agua a prácticas agrícolas sostenibles y genera mayores ingresos para los agricultores. La ventaja de este programa radica en su capacidad para convertir a agricultores con escasos conocimientos técnicos en agricultores ecológicos profesionales mediante un programa de formación de 30 meses. Asimismo, se facilita a los agricultores un equipo de agroecología, que consiste en semillas, tuberías de riego, gallineros, gallinas y un tanque de agua con una bomba alimentada con energía solar para una parcela de 5 000 m2. De esta forma, se pretende incrementar la productividad agrícola de la zona evitando el uso de productos químicos y gracias al riego por goteo, mejores condiciones de trabajo y las sinergias entre la agricultura y la avicultura. Tras un año de formación, los agricultores reciben un certificado de agricultura ecológica de un organismo nacional brasileño. Las 250 explotaciones agrícolas familiares de Tinguá juntas conformarán el mayor centro de producción de alimentos ecológicos, y mayor suministrador del creciente mercado ecológico en Rio. El proyecto cuenta con un importante componente comercial para conectar a los agricultores con los mercados, restaurantes y supermercados de la ciudad.

El proyecto está apoyado por Bonafont, una marca de Danone que opera una planta de agua mineral en Tinguá, y el Sebrae (el organismo brasileño para el desarrollo de pymes), y permitirá a los pequeños agricultores de Tinguá adoptar una agricultura libre de productos químicos para proteger la cuenca hidrográfica. De esta manera, también se creará el mayor centro de producción de alimentos ecológicos de Rio de Janeiro.

El fondo Livelihoods ha co-diseñado el proyecto y soporta el riesgo de inversión proporcionado financiación inicial para su ejecución y seguimiento. Para Bonafont, al igual que para el resto de marcas de agua de Danone, es fundamental conservar los recursos hídricos para lograr un negocio más resiliente. Bonafont aporta una cuota al fondo según el número de hectáreas en conservación para garantizar que el proyecto tenga resultados tangibles. Con este mecanismo basado en resultados, Bonafont reduce el riesgo de inversión al tiempo que se beneficia del conocimiento de los fondos Livelihoods en el desarrollo de proyectos con pequeños agricultores. El Sebrae coinvierte en el proyecto y lo ejecuta en el terreno. Con el apoyo del sector privado, el Sebrae puede poner en marcha un proyecto piloto iniciado con 15 agricultores de Tinguá destinado a aumentar la producción de alimentos ecológicos y, al mismo tiempo, conservar los recursos hídricos.

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Kenia: Restaurar tierras degradadas para aumentar la seguridad alimentaria y la disponibilidad de agua subterránea

Según el estudio llevado a cabo en este proyecto, las prácticas inteligentes de gestión agrícola y del terreno aumentan la cantidad de materia orgánica del suelo en torno a 1 tonelada por ha cada año, lo que conlleva 17 000 litros más de agua subterránea disponible por hectárea. Como resultado, el suelo sano absorbe 2,5 toneladas adicionales de C02 por hectárea al año.

En Kenia el Fondo de Carbono Livelihoods está ayudando a 30 000 explotaciones familiares en su transición hacia prácticas agrícolas más respetuosas con el medio ambiente y la creación de una cadena de valor del sector lechero más resiliente. En la región que rodea el monte Elgon, la deforestación, las prácticas agrícolas ineficientes, el pastoreo sin control y la erosión del suelo tienen un efecto directo sobre la biodiversidad local y la fertilidad del suelo. Además, amenazan el ecosistema del lago Victoria, ya que los ríos arrastran una enorme cantidad de sedimentos. Los agricultores están atrapados en un círculo vicioso donde la tierra degradada no retiene apenas agua e intensifica la escorrentía, lo que provoca un rendimiento bajo de los cultivos y una baja producción de forrajes, que a su vez da lugar a un bajo rendimiento lácteo, especialmente durante la temporada seca.

Actualmente, la mayoría de los agricultores de la zona del proyecto producen una media de 3 litros de leche al día, con un nivel aún menor durante la temporada seca de Kenia. La baja productividad se debe al ceso inadecuado a una dieta nutritiva, agua y a especies de animales de producción lechera con baja producción. El proyecto tiene como objetivo aumentar la productividad de forma gradual a 6-12 litros al día por vaca. Se prevé que los agricultores cultiven forraje en sus explotaciones para alimentar a las vacas durante el año y, al mismo tiempo, introduzcan razas mejoradas mediante inseminación artificial de alta calidad.

Para aumentar la fertilidad del suelo y su capacidad para retener agua, los agricultores reciben formación sobre prácticas agrícolas como compostaje, técnicas de cubierta, rotación de cultivos y explotación agroforestal para aumentar el contenido orgánico del suelo. La materia orgánica del suelo retiene los nutrientes esenciales para las plantas, garantiza el equilibrio del ecosistema (gusanos, bacterias) y actúa como una esponja que reduce la escorrentía. Dentro de este proyecto, los fondos Livelihoods, junto con Vi Agroforestry (una ONG) y Unique Forestry and Land Use (una empresa de asesoramiento medioambiental) diseñaron un nuevo método para medir la conexión entre el contenido de carbono del suelo y las prácticas agrícolas, la fertilidad y la retención de agua. El estudio demuestra que estas prácticas aumentan la cantidad de materia orgánica del suelo en torno a 1 tonelada por ha cada año, lo que significa 17 000 litros más de agua subterránea disponible por hectárea. Como resultado, el suelo sano absorbe 2,5 toneladas adicionales de C02 por hectárea al año. El estudio confirma que las prácticas agrícolas son un elemento clave para luchar contra el cambio climático, mejorar la seguridad alimentaria y tener acceso al agua. Con un suelo más sano, los agricultores podrán producir más y mejores plantas forrajeras para alimentar a sus vacas a fin de aumentar la producción de leche y, en consecuencia, sus ingresos.

El proyecto en el monte Elgon de Livelihoods ha sido posible gracias a la asociación entre el Fondo de Carbono Livelihoods, un fondo de inversión de impacto respaldado por empresas privadas, la ONG Vi Agroforestry y Brookside, el actor más importante del sector lácteo de África Oriental. El Fondo de Carbono Livelihoods proporciona la financiación inicial necesaria para que Vi Agroforestry ponga en marcha y supervise el proyecto en un periodo de diez años. Brookside se ha comprometido a comprar toda la leche producida en el proyecto y a abonar una cuota al fondo según el volumen de la producción.

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Burkina Faso: Adaptar las prácticas agrícolas a una región con grave escasez de agua

Implantación del sistema de cultivo «zaï» y «filas de piedras» para retener el agua y reducir la erosión.

Junto con diversas ONG, la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD) y un centro de investigación internacional, los fondos Livelihoods han puesto en marcha un proyecto para capacitar a los agricultores con técnicas destinadas a aprovechar cada gota de lluvia y restaurar las tierras degradadas por las sequías, el pastoreo excesivo y la erosión. Se trata de técnicas sencillas y asequibles que pueden reproducirse a gran escala.

En las provincias de Bam y Lorum, al norte de Burkina Faso, el desierto va lentamente invadiendo los terrenos donde solían crecer árboles. La escasez de agua de estas zonas sahelianas es ya una realidad diaria, ya que sólo llueve entre 3 y 4 meses al año de media. Además de la gran variabilidad de las precipitaciones, el cambio climático está provocando un aumento de las temperaturas, un incremento de la frecuencia y magnitud de los fenómenos meteorológicos extremos y un descenso de las precipitaciones en general[1]. Los expertos prevén que la temperatura aumente 2 grados en los próximos 20 años en el Sahel, y entre 3 y 5 grados en el 2050[2]. Tal incremento de las temperaturas reduciría el rendimiento de los cultivos entre un 15 % y un 40%, un desastre para una de las regiones más pobres del mundo, donde la población se duplica cada veinte años.

La agricultura en estas condiciones representa un auténtico reto, actividad que en Burkina Faso emplea al 80 % de la población activa[3]. El agua es al mismo tiempo un milagro largamente esperado y una terrible fuerza natural, ya que las lluvias torrenciales destruyen los cultivos y erosionan el suelo tras largos periodos de sequía.

Junto con la ONG local Tiipaalga y la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD), los fondos Livelihoods han puesto en marcha un proyecto para capacitar a los agricultores con técnicas destinadas a aprovechar cada gota de lluvia y restaurar las tierras degradadas por las sequías, el pastoreo excesivo y la erosión. Se trata de técnicas sencillas y asequibles que pueden reproducirse a gran escala.

Los campos abiertos se intercalan actualmente con filas de piedras que siguen el contorno de las parcelas, un paisaje que se extiende hasta el horizonte. Las filas de piedras ralentizan las escorrentías violentas durante los diluvios, por lo que el agua de lluvia tiene tiempo para penetrar en el suelo y este retiene los nutrientes. Además, los campos están salpicados de cientos de pequeños hoyos, una técnica agrícola propia de Burkina Faso denominada «zaï». Con esta práctica, la poca agua disponible se concentra en las depresiones donde los agricultores han depositado plántulas y compost. De forma gradual, los árboles comienzan a reaparecer en algunos lugares de los campos. Los agricultores están aprendiendo a reconocer las variedades que devuelven la fertilidad al suelo, a producir fruta de mayor valor y a proteger los árboles jóvenes de las reses que pastan.

Este proyecto repercute en 150 000 personas y se espera que aumente el rendimiento de los cultivos en un 30 %. El impacto de estas prácticas agrícolas está siendo evaluado actualmente por el CIRAD (organización francesa de cooperación internacional para la investigación agrícola), que ha elaborado herramientas para permitir a los agricultores hacer un seguimiento de su propio progreso. Estas herramientas y los resultados del proyecto se pondrán a disposición de todas las organizaciones que deseen utilizarlos en el Sahel u otra parte del mundo.

SOS Sahel, una ONG con amplia trayectoria en la región también aporta sus conocimientos para ayudar a Tiipaalga en la ejecución del proyecto. La complementariedad entre los fondos Livelihoods, la AFD, las ONG y el CIRAD y el círculo virtuoso creado por la economía del carbono, ha hecho posible la implantación del proyecto a gran escala durante un periodo de 10 años. Livelihoods proporciona la financiación inicial a los promotores del proyecto para su ejecución sobre el terreno. A cambio del riesgo que asume, el fondo recibe créditos de carbono durante un periodo de 10 años. Los créditos de carbono son distribuidos a empresas privadas que han invertido en el fondo, que los utilizan para compensar aquellas emisiones que no pueden evitar. Este modelo de inversión ha sido posible a través del compromiso a largo plazo de los inversores que confían en el fondo para generar créditos de carbono con un alto valor social para ellos. La AFD aporta la financiación necesaria, en forma de subvención, para implantar prácticas de agricultura sostenible. La subvención de la AFD se concederá, en parte, conforme a los resultados generados por el proyecto.

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[1] https://ccafs.cgiar.org/burkina-faso#.XDYeOc1Cc2w
[2] http://leplus.nouvelobs.com/contribution/1474764-le-sahel-victime-du-rechauffement-climatique-cette-region-a-besoin-d-un-plan-marshall.html
[3] http://www.worldbank.org/en/country/burkinafaso/overview

Fotos: Gérard Tordjman, Stéphane Perrier/ Livelihoods Funds; mariana_designer, weerapat1003, Jurga Jo/ Adobe Stock.

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